Pasión
Porque después de 20 años seguimos involucrándonos en cada detalle.
En Ponce de León creemos que un gran vino empieza mucho antes de llegar a la copa.
Empieza con una idea, una búsqueda, una pregunta. Con esas ganas de descubrir qué puede pasar cuando nos animamos a hacer las cosas de otra manera.
Hace 20 años que imaginamos, probamos, desarrollamos y creamos vinos con identidad propia.
La experiencia nos enseñó mucho. La curiosidad hace que sigamos aprendiendo.
La curiosidad hace que sigamos aprendiendo.
Buscamos que cada uno tenga una razón para existir. No se trata de hacer diferente solamente para ser diferente, sino de encontrar algo propio que realmente valga la pena llevar a una botella.
A veces esa búsqueda nos lleva a reinterpretar un clásico. Otras, a explorar variedades, cortes, técnicas y nuevas formas de entender el vino.
No seguimos tendencias por obligación. Nos mueve la curiosidad, la calidad y el desafío de crear algo que valga la pena recordar.
Porque después de 20 años seguimos involucrándonos en cada detalle.
Porque preguntarnos “¿y si probamos...?” ha sido el comienzo de muchas de nuestras mejores ideas.
Porque cada vino que lleva nuestro nombre tiene que tener algo propio para decir.
Porque cada logro es también el punto de partida para lo que viene.
Detrás de cada vino de Ponce de León existe una búsqueda. Y detrás de esa búsqueda, una visión.
Andrés Ponce, fundador y Enólogo, lleva 20 años imaginando, desarrollando y creando vinos con una premisa: que cada uno tenga identidad y una verdadera razón para existir.
No crear por crear.
No hacer diferente solamente para ser diferente.
Buscar hasta encontrar algo que realmente valga la pena llevar a una botella.
Desde San Rafael, Mendoza, construimos una bodega con identidad propia y una mirada que nunca estuvo limitada por su tamaño.
Queremos llevar nuestros vinos cada vez más lejos, seguir desarrollando nuevas ideas y construir una marca argentina reconocida por la calidad de sus vinos y la originalidad de su manera de crearlos.